Manifiesto

Canto antiguo del humo…  y sus ecos


Puede ser que, hablar de nosotrxs requiera otra lengua, una que nos permita decir, cantar y  acentuar las palabras en búsqueda de su sentido justo, “acentuar las palabras para que las ausencias bailen, y acentuar las ausencias para que las palabras bailen” (Didi-Huberman, 2017), compartir el sentido acompañado mediante los olores y los dolores, desde las palabras lavadas en aguas mezcladas con sedimento viejo, una lengua que no sea ajena, una que no duela porque no podemos encontrar la codificación precisa, porque nuestro vocabulario por más que se enriquezca, jamás podrá plantear las oraciones adecuadas y las preguntas, mismas que se responden con más preguntas, con paisaje, con luz de sol entrando por los huecos de los techos de nuestras casas, de los días posteriores a las tormentas con las nubes más oscuras.
¿Cómo hablarte desde este centro de fuego?, ¿desde este cuenco de la mano vacía?, ¿desde los huecos del agua? para que entonces se atienda a la simplicidad de los días y de las horas siempre alejadas de un origen, de un centro, ombligo de nuestro mundo, ¿cómo hablarte desde los traumas subalternos y desde la desesperanza que llenó nuestras mesas?, ¿cómo hablarte desde nuestras propias violencias, desde nuestros propios errores y rencores por nosotros mismos y por nuestros colores, por nuestra voz? porque para ellos y para sus ojos, correctos y precisos, siempre fuimos los holgazanes y salvajes, los sucios y los imposibilitados de hablar por nosotros mismos, ¿cómo hablarte desde esta lengua oficial que expulsó los cantos de mi hogar?, ¿cómo recordar las frases creadas en una lengua materna que ahora desconozco, que me resuena un tanto lejana, y que vuelve como un eco? una lengua que hoy simplemente se muestra como susurros de otros tiempos y otros lugares. ¿O será que nosotros mismos derrumbamos esa arquitectura de nuestra vida, antes de ingresar a las grandes ciudades, cuando lavamos nuestra cara, nuestra piel, nuestra boca, para que no expresara insensateces hacia un mundo al que necesitábamos pertenecer? un mundo en el que la luz nos mostró otras imágenes, como una especie de “alucinación oculta vertida en lo profundo” (Abreu, 2002), ¿será que nosotros mismos fuimos enterrando los recuerdos de esa vida otra, de esos otros recuerdos? 



A veces también he escuchado sobre un complejo colonial y de cómo somete la voz designando lugares y andares; pero acá, entre el lodo, todo va diferente, nos agarramos fuerte para trepar el monte y cantar al viento nuestra historia, nuestro dolor, también nuestra esperanza; a lo mejor para los demás las narrativas propias no pasan por tantos filtros, pero a nosotros nos lleva un poco más de tiempo y esfuerzo. A veces contar partes de nuestra historia, y nuestra forma de andar, nuestros recorridos cartográficos, es sumamente conflictivo, y es que para revelarnos en palabras nos tenemos que abrir las entrañas, mirar lo que queda en ellas y regresar a los recuerdos bastante bien guardados, abrir las entrañas y mostrarte una parte de esta existencia que es una mezcla entre tiempo y polvo, también de humo que anda y toma camino de ida y vuelta, a caso no llega plenamente, a caso no se va por completo. 
%d bloggers like this: